¿Es posible que un ser humano sea capaz al mismo tiempo de lo peor y de lo mejor?
Aunando la concisión de Marguerite Duras y el arte de un miniaturista, Kim Thúy hace que del horror brote la gracia sin sentimentalismos edulcorados. Una luminosa novela sobre el odio y el amor trenzada con los jirones de la memoria colectiva y personal.