El himen y el hiyab, de Mona Eltahawy

Una mujer que lleva el hiyab en Europa, por ejemplo, puede hacerlo no por presiones, sino para reforzar o incluso hacer bandera de su identidad cultural en un continente donde la islamofobia crece a pasos agigantados y el hiyab es mirado con sospecha. Una mujer que lleva el hiyab en Egipto o Marruecos puede hacerlo obligada por las leyes del país o la presión del estado, la sociedad y los hombres que la rodean. Salvando las enormes diferencias, dice Mona Eltahawy, el caso es que parece que el machismo y el Estado siempre parece tener algo que decir sobre la vestimenta de las mujeres.

La autora, egipcia, es consciente de que con este ensayo, donde indaga en la nunca realizada revolución sexual del mundo árabe, puede estar dando alas en otras sociedades a la ultraderecha, de que los ejemplos con los que ilustra sus argumentos, pueden ser empleados en Occidente para criminalizar la sociedad donde ella vive y la religión islámica. Para afirmar que las sociedades islámicas están a años luz en materia de derechos de la mujer y que por tanto -y ese es el corolario que la autora quisiera evitar- conviene no dejar entrar en Occidente ni a esa religión, ni a las personas que lo practican.

El problema de las mujeres islámicas, dice la autora, concierne y debe ser resuelto por esas mujeres, sin intervenciones externas y teniendo claro en todo momento que la del feminismo es una lucha global.

Por eso, el libro no sólo es un queja sobre lo que, en términos idealistas (hegelianos), puede ser visto como un retraso en la evolución de las sociedades islámicas; también y sobre todo es una crónica de muchos de los movimientos llevados a cabo por las mujeres en oriente con el fin de ganar mayores cuotas de libertad para ellas.

De hecho, uno de los mensajes clave de la autora es, como decía, el de que conviene acabar con el paternalismo occidental. Al poner en valor el trabajo de tantas mujeres en Oriente medio y Oriente está señalando la necesidad de dejar que esas sociedades puedan seguir sus procesos de lucha y emancipación propios, y dentro de ellas, las mujeres. Lo que no es óbice para que apunte la necesidad de que el mundo árabe lleve a cabo una revolución sexual que para ella aún está pendiente.

El debate es interesante no sólo a nivel de gran política, sino también en lo que afecta a la lucha feminista, pues vuelve a poner de manifiesto lo que nunca debería perderse de vista: que más que feminismo, conviene hablar de feminismos, pues la problemática que enfrenta una mujer europea por el hecho de serlo no es la misma que enfrenta una mujer libia o egipcia, por ejemplo.

Mona Eltahawy realiza también una profunda crítica de la unión entre Estado, religión y cultura y, sobre todo, del machismo que parece muchas veces inmune a toda forma de revolución o cambio. Muchas veces, señala, son los familiares, o abogados ultras (¿nos suena en España?) quienes denuncian a las mujeres por sus vestidos o sus conductas.

Los procesos de cambio iniciados en 2011 en algunos países no han supuesto una gran evolución. Las mujeres, dice la autora, se manifestaron en las calles de varios países durante las primaveras árabes junto a los hombres y fueron clave para derrocar a los dictadores en países como Libia o Túnez, sin embargo la conquista de libertades no ha llegado hasta ellas. Siguen padeciendo violencia, acoso, leyes restrictivas, mutilación, etc. Ella sufrió esa violencia en sus propias carnes, pues como ha relatado en entrevistas y textos la policía la golpeó (le rompió el brazo izquierdo y la mano derecha) y la violó durante las protestas de 2011.

Entre esas violencias, la autora presta especial atención también  a lo que llama la “cultura de la pureza” (expresión tomada, curiosamente, de ortodoxos cristianos de los Estados Unidos). Una cultura para la cual el valor de una mujer reside en su virginidad, de manera que las pruebas para comprobar ésta y los castigos cuando la pureza “se ha perdido” (a manos de los propios familiares, con castigos corporales y violaciones) son una de las mayores humillaciones y presiones que sufren las mujeres en el mundo islámico, aunque, como decíamos, no sólo en él.

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