Utilidad de la belleza, de Kathleen Raine

Vaso Roto ha recogido bajo el título de Utilidad de la belleza tres ensayos de la autora británica Kathleen Raine (1908-2003) que originariamente fueron incluidos en su libro de 1967 Defendind Ancient Springs.

Enmarcados en la defensa de una estética y, en general, de una filosofía (neo)platónica, el libro está formado por tres ensayos —“Sobre el símbolo”, “Sobre lo mitológico” y “Utilidad de la belleza”— que reivindican lo que la autora denomina un “arte imaginativo” que es también un tipo de arte, formalista y burgués; el mismo que, para la autora, había entrado en crisis tras la Segunda Guerra Mundial. Entre las causas apuntadas por Raine para tal crisis se encuentran el auge del materialismo en Occidente y del Realismo Social en el mundo soviético.

En el primero de los ensayos que componen el libro, “Sobre el símbolo”, la autora británica realiza una defensa de la imaginación como fundamento de la verdadera poesía; una poesía que deberá ser ajena a cualquier influencia externa y de la que el símbolo y lo alegórico han de ser piezas fundamentales. Para ella, la poesía realista (sea social o intimista) no es verdadera poesía en tanto en cuanto sólo conoce el mundo tangible, es decir, en cuanto que es una poesía materialista, fruto del positivismo.

Según la autora, en la verdadera poesía “el poema es capaz de crear en el lector una sensación de la totalidad y armonía que sus símbolos y su unidad rítmica realizan a la vez que afirman. El lenguaje de la analogía presupone y establece a un tiempo relaciones entre los diferentes órdenes de lo real”. Hay en esa referencia a los “órdenes de lo real”, la defensa de una concepción platónica o neoplatónica de la realidad. Para Raine el símbolo será la razón de ser principal de la poesía en tanto que herramienta básica para poner en relación los diferentes planos de la realidad. Símbolo y metáfora permitirán superar la realidad tangible y se convertirán, a través de la asociación de imágenes o ideas (o el destello) en mecanismos de conocimiento de la Realidad superior.

Para Raine aquellos poetas que niegan la existencia de otras realidades no son verdaderos poetas porque son incapaces de elevarse hacia la Belleza perfecta que tal Realidad representa.

En el segundo ensayo del libro, Raine focaliza su explicación de lo simbólico en el mito, el símbolo o la alegoría por antonomasia. El olvido de los mitos, dice, su concepción como fantasías que explican “infantilmente” lo que en un pasado remoto fueron hechos históricos, se debe a ese mismo espíritu positivista que ya criticaba en el primer ensayo. Para ella, en cambio, los mitos (que son muy similares en todas las culturas) concentran verdades de orden espiritual, es decir, son una especie de verdad revelada o, al menos, un atisbo de los otros planos de la Realidad.

“Utilidad de la belleza”, el último de los ensayos del libro, supone, por un lado, una crítica del realismo y, por otro, una defensa del utilitarismo de la belleza: utilitarismo sólo posible en un mundo que sea capaz de elevarse por encima de lo material. El realismo, asegura Raine, pinta sólo lo que el ojo ve, mientras que “el arte imaginativo refleja al «hombre verdadero»”; el realismo no cumple ninguna función, sólo informa, “pero la verdadera poesía tiene la capacidad de transformar la conciencia misma poniéndonos ante los ojos iconos, imágenes de formas sólo parcial y superficialmente realizadas en la realidad”.

Esta verdadera poesía, que es imaginativa, será siempre, afirma, una poesía formalista, es decir, basada en estrofas y ritmos tradicionales, que no responden al azar, sino que son en sí mismas expresión de esa Realidad Superior (94): “Puesto que lo bello es un orden de conjuntos y de totalidad, una señal de su presencia formadora es la simetría y la estructura del verso. No es posible hablar de la belleza sin hablar de la forma”. Para ella, el auge del verso libre tiene que ver con la incapacidad de los poetas contemporáneos para acceder a esa “otra mente”, la de la imaginación y, a través de ella, a los otros planos de realidad.

Se trata, en definitiva, de una personal actualización del ideario neoplatónico acerca de la literatura, centrada sobre todo en el campo de la poesía inglesa, y que tiene el mérito indiscutible de nadar contra la corriente de unos tiempos (en eso acertaba Raine) fundamentalmente materialistas.

En el campo de los “contras” habría que señalar que lo vehemente y radical de ciertas posturas de Raine (su empeño en catalogar como ajeno a la poesía cualquier lírica materialista o su uso acrítico de términos ambiguos por naturaleza como el de “belleza” o “fealdad”) dificultan la empatía con sus postulados, además de restar a veces la flexibilidad necesaria a unos argumentos que, como ya hemos dicho, parten con la enorme desventaja de parecernos casi siempre anacrónicos.

Un libro interesante para poetas y críticos y que obliga, eso sí, a plantearse no sólo la relación de la literatura con sus fuentes, sino el papel de la belleza en la lírica y en el mundo. Un libro que pone de nuevo sobre la mesa el sentir de una tradición para la cual el poeta, médium entre realidades, tiene algo de sacerdotal, de místico. El poeta que, para serlo, debe vivir entusiasmado, es decir: “borracho de dios”:

La forma lírica es en sí misma la encarnación suprema del orden arquetípico, que está más cerca de la música y el número; es la belleza misma conformando palabras de por sí comunes; y como escribió Platón en el “Ión”, no está al alcance del poeta que escribe desde su conciencia mundana, sino sólo en esa locura divina en la que la “otra” mente se apodera de él.

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