“Puedo decir que escribir me dio una razón para tratar de estar bien tanto como fuera posible. Cada vez que la enfermedad o la bebida se me iban de las manos, escribir me daba una razón para decir “espera” y para tratar de ordenarme y sanarme. No creo que haya nada particularmente terapéutico en la escritura. Todo lo contrario. Escribir enloquece a la gente. Pero escribir me dio un poderoso sentido de calma y misión”.
Así se manifestaba Franz Wright en una entrevista concedida poco antes de morir. No fue la suya una vida fácil. Hijo del también poeta James Wright -son el único caso de padre e hijo en haber recibido el Pulitzer de poesía-, con quien mantuvo poca relación, su vida estuvo marcada por las adiciones y la enfermedad mental.
Franz Wright murió, de hecho, con apenas sesenta y dos años de un cáncer de pulmón.
“F/poemas” (Vaso Roto, 2022) fue escrito, de hecho, durante la convalecencia por la operación de pulmón a la que el cáncer le obligó. El libro está claramente marcado por el dolor y tiene una fuerte impronta de despedida, pero también vuela sobre él un denso halo de fe y de esperanza.
El libro, así, está escrito en un precario equilibro entre la materialidad evidente y cercana, realista y muchas veces monstruosa, y un afán de trascendencia más instintivo que teológico, y que a duras penas se mantiene en pie:
Qué alivio será, ¿no es cierto? tambalearse de nuevo para ver
la calle a la luz de la mañana con su millón de extraños
conocidos pasando por ahí, y tú parado mirando cómo
se van, rodeado de ojos ciegos, por ambos lados, Dios los
bendiga, a todos ellos, ellos que no habrán de lastimarte hoy,
todos los extraños, cómo los amas a todos de una vez, qué
cercano te sientes a ellos.
Porque el alma es un extraño en este mundo
El lenguaje se fragmenta en ocasiones, la sintaxis se rompe, no por mero afán formalista, sino como expresión de ese mundo en descomposición, del que el cuerpo (o el alma) se aleja.
La comunicación entre el poeta y el lector se vuelve, así, compleja, lo que no quiere decir necesariamente difícil. Sino la propia de quien, por decirlo con un verso de Wright, “es el otro último hablante de un idioma”. Una cuestión, más bien, de sintonizar con la desesperación esperanzada que late en todo el poemario.
Un libro que explora lo indecible de la enfermedad y la locura, pero también de la fe en la trascendencia y de la salvación concedida a través de la palabra y el canto.
“El pájaro que nunca he visto / canto hasta descerebrarse”, escribe Wright. Y en otro poema: “Un día empezaré a llorar y no voy a parar hasta que muera”. De ese canto, de ese llanto, es hijo este libro.
Una obra para comenzar a conocer en edición bolingüe a este poeta hasta ahora no traducido a nuestro idioma.
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