Invierno, de Rick Bass

“Invierno” es la historia de un enamoramiento: el que sintió Rick Bass a los treinta años por la región de Yaak, en Montana. Un valle con no más de treinta personas, que en los años 80 vivían dispersas en un territorio duro, de alta montaña, sin electricidad ni teléfono.

Como en otros títulos de la colección “Libros Salvajes” de Errata Naturae -una colección que merece la pena seguir- el atractivo de esta obra llena de nieve y de frío radica, para quienes amamos la vida en la naturaleza, en la narración de ese enfrentamiento con un mundo en un penúltimo estado de salvajismo.

La búsqueda, el impulso por hallar ese mundo casi virgen todavía, en la que el hombre debe enfrentarse a la naturaleza desde una situación de desventaja es el inicio de muchos de esos volúmenes y también lo es de “Invierno”, la obra de Bass, quien junto con Elisabeth, su novia, deciden dejar el cálido sur de los EEUU para hallar en cualquier lado -que resulta ser la frontera entre Montana y Canadá- un lugar apartado donde poder escribir y pintar, respectivamente.

Avanzando a modo de diario irregular, Bass nos cuenta cuánto le costó aclimatarse a la bella pero salvaje región de Yaak, los trucos que tuvo que aprender, los cambios psicológicos que se operaron en él -la desesperación que alcanza por acopiar madera antes de que llegue el verdadero invierno es plenamente animal- y las relaciones que estableció en un hábitat ajeno para él pero al que se sentía atraído como si aquel hubiera sido siempre su verdadero hogar.

Obra llena de árboles, tocones, osos, ciervos y personajes atrabiliarios como el maravilloso Breitenstein, el libro nos permite atravesar la extensión del frío de alta montaña, sus duras condiciones, gracias a una narración sin la épica de otros títulos, más irónica a veces, y muy bien sostenida gracias al interés de ciertas anécdotas y al lenguaje directo de Bass

Pero más allá de la narración, lo interesante de “Invierno” sigue siendo lo que como lectores nos permite vislumbrar a quienes no llegamos a tiempo de conocer esas penúltimas regiones salvajes. Y sobre todo, la identificación que se produce entre el lector interesado en esa vida y quien de verdad pudo llevarla a cabo. El asentimiento, por así decirlo, ante la decisión de quien tuvo la valentía de dejar las comodidades para llevar una vida más dura, más animal, pero quizás más auténtica.

En la línea del “Walden” de Thoureau, inspirador de toda esta colección de libros salvajes, la de Rick Bass es una crónica más de un pequeño grupo de personas que decidió hacer del contacto más directo con la naturaleza su modo de vida. Un grupo de personas que decidió que el bosque, la cabaña o incluso el rancho apartado (como en “Los búfalos de Brokean Heart”) era el lugar donde querían permanecer el resto de su vida.

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