Te alquilo el cielo, de Aurelio Loureiro

La editorial Eolas publica esta colección de relatos con vocación de novela

Aunque podría hablarse de una colección de relatos breves, lo cierto es que las historias que conforman “Te alquilo el cielo” componen en un cuadro unitario, tanto por técnica y estilo, como por temática e intenciones.

Básicamente, este libro recoge fragmentos de la memoria (Pero ¿qué memoria no es fragmentaria?) de un narrador / protagonista, al que no resulta difícil identificar con el propio autor, en los que se da cuenta de buena parte de su infancia y de su juventud, vivida en un valle minero del que después el protagonista sale y al que ha vuelto momentáneamente para asistir a los últimos momentos de vida de un ser querido.

En ese repaso a la memoria el aprendizaje personal se enreda con las hechos sociales y los símbolos de la comunidad minera (la torre, el pozo, la taberna, el carbón,…) de un modo tal que la narración del pasado del protagonista acaba siendo también la narración del pasado de esa misma comunidad.

Así, asistimos al ritual diario de los mineros, a la explicación de los peligros que estos afrontan, a las disputas sociales (marcadas por el alcohol) que entre ellos se establecen, a la vida en la escuela de sus hijos, a sus esperanzas, decepciones y silencios. Todo ello en un clima histórico de asfixia social que no sólo prohibía cualquier intento de reivindicación, sino que, escarmentado el régimen por lo ocurrido en Asturias en el 34, ponía sobre los mineros una vigilancia y una represión especial.

Y más allá de que el estilo, en algún momento, hubiera soportado una mayor precisión, lo cierto es que la obra, con su ir y venir de lo personal a lo colectivo, con su sonoridad oral, con su narración en tercera persona (para alejar el recuerdo y volverlo de “otro), con su capacidad para pintar un paisaje lúgubre, neblinoso, cerrado sobre sí mismo, consigue convertirse en la voz de toda una comunidad, muchos de cuyos personajes (ya héroes) y lugares (ya símbolos) acaban empapados por cierta épica: la épica de los perdedores, de los abandonados por la Historia.

“Los profesores de la vieja escuela se manejaban bien con los resúmenes biográficos de personajes ilustres que nada tenían que ver con el paisaje vencido de la mina. Se sabían de memoria las gestas de héroes contemporáneos que nunca habían visitado sus galerías enterados de que la mina no escondía ningún tesoro [...] sino tumbas vacías y sueños truncados de gentes procedentes de lugares que ni siquiera figuraban en los mapas que tapaban el encerado de la vieja escuela cuando tocaba geografía”

Resulta de hecho difícil no pensar al leer “Te alquilo el cielo” en que la obra supone una reivindicación de la memoria o, citando a Benjamin, un cepillado de la Historia a contrapelo: el relato de la heroicidad de los que nunca aparecen en esas grandes biografías que señalaba la cita de arriba.

En resumen: con esta obra Aurelio Loureiro consigue, más que una buena colección de relatos, un magnífico ejercicio narrativo de memoria, novelística y, por más que la palabra esté desprestigiada hoy, reivindicación. Tan magnífico que es, y estamos ya en noviembre, uno de los mejores libros que he leído y que más he disfrutado en 2015.

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