“Padres e hijos”, de Turguénev

Alba publica una nueva edición de una de las mejores novelas de la literatura rusa

Se apunta muy bien en esta edición de Alba que aunque el título de esta novela de Turguénev, “Padres e hijos”, pueda llevar a pensar, en seguida, en una narración sobre el choque generacional, esta obra guarda en su interior mucho más.

Para empezar, el choque generacional se presenta aquí sin mucho estrépito y sin maniqueísmo, contando además con la presencia de figuras intermedias entre el mundo de los jóvenes nihilistas (que representaría Bazárov) y el de la vieja aristocracia, simbolizado por el esteta Pável Petróvich. Entre medias, sin ir más lejos, se situaría Arkadi, el protagonista, quien racionalmente desea seguir a Bazárov pero que es incapaz de desprenderse de lo que éste, con desdén, denomina su “romanticismo” y también su padre, Nikolai Petróvich, hombre bonachón y poco apegado a las tradiciones aristocráticas que trata de seguir, con su estudio limitado, el avance de los tiempos.

Pero es que además, la novela nos presenta a estos personajes de un modo nada rígido: así, vemos a Pável dudar de esa vida de orden y deber que ha creado al igual que vemos a Bazárov enamorarse y renunciar a todo raciocinio. Estos cambios, unidos a a presencia constante de la muerte en medio del duro campo ruso y al que parece ser el tema clave de esta novela de Turguénev (la imposibilidad de cualquier ser humano de vivir siempre en pleno acuerdo consigo mismo: con sus ideas o sus sentimientos) componen un relato que, a nivel de estructura, se articula en torno  a las relaciones que de unos pocos personajes y los viajes que, dentro de una pequeña provincia, los mismos realizan para verse.

Esos personajes son los ya mencionados Arkadi y Bazárov, estudiantes universitarios y defensores del nihilismo; Nikolai Petróvich, padre de Arkadi y el hermano de aquel, Pável, un ruso soltero con aires de caballero inglés; y las hermanas Odintsova y Katia, la primera racional y fría, horma del zapato de Bazárov (quien por supuesto se enamora de ella) y la segunda más templada y silenciosa, dominadora sutil, prototipo, sospechamos, de lo que en la Rusia de Turguénev se entendía por feminidad.

Las relaciones familiares y de amor entre ellos, los intentos de llevar una vida coherente (cuando ésta aparece siempre acechada por el cambio) y, por supuesto, la disputa generacional en medio de un periodo de enormes cambios en Rusia, componen esta novela de personajes y paisajes que, citando a Nabokov, “no es sólo la mejor novela de Turguénev, sino una de las obras más brillantes del siglo XIX”.

 

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