Miriam Tirado, autora de “Tengo un volcán. Y no puedo respirar”: “a menudo los niños les exigimos que hagan cosas que ni siquiera sabemos hacer nosotros”

Vuelven Miriam Tirado y Joan Turu con una nueva entrega de Tengo un volcán, el éxito de ventas que vendió más de 100.000 ejemplares de su primera entrega.

Con Tengo un volcán. Y no quiero respirar nos ofrecen una nueva aventura del hada de los volcanes, con el objetivo de ampliar las herramientas con que cuentan las familias para gestionar la rabia.

Saber qué hacer con una emoción tan complicada y a la vez habitual como la rabia, no es sencillo. Los más pequeños carecen de herramientas y tampoco los progenitores tienen claro qué hacer en muchas ocasiones.

Para ayudar en estas situaciones Tengo un volcán. Y no quiero respirar nos presenta a a Sam, que, a diferencia de su hermana Alba, no consigue respirar para apagar su volcán.

¡Un nuevo reto para el hada de los volcanes! ¿Conseguirá ayudar a Sam?

Un cuento cargado de muchas herramientas para ayudar a pequeños y mayores a gestionar todas las situaciones en las que se nos enciende el volcán que llevamos dentro.

Entrevista con Miriam Tirado

Después del éxito del primero volumen de Tengo un volcán, ¿cómo y por qué decides llevar a cabo este segundo volumen?

Una de mis hijas siempre se ha negado a respirar cuando estaba con su volcán encendido y pensé que como ella, hay muchos niños y niñas que ni quieren ni pueden hacerlo, así que pensé que quizás había llegado el momento de hacer una segunda parte a “Tengo un volcán”.

En Tengo un volcán dabas mucha importancia a la respiración. Pero está claro que los primeros que tienen que respirar son los padres, ¿no?

Por supuesto, de dónde más aprende la infancia es del ejemplo, así que madres y padres no podremos inculcar nada que no pase por nosotros primero. Si queremos que respiren, que se autorregulen y que tengan autocontrol, primero tendremos que predicar con el ejemplo.

¿No se espera demasiado, a veces, de los pequeños? Por ejemplo, que controlen emociones como la ira que incluso a nosotros, de adultos, nos cuesta controlar.

Sí, a menudo los niños les exigimos que hagan cosas que ni siquiera sabemos hacer nosotros. Quiero hacer el inciso de que no se trata de “controlar” la rabia sino de saber qué hacer con ella para que no acabe volándolo todo por los aires.

Con los niños y niñas, de lo que se trata es de ir dando herramientas, de ir explicando y que, a través también de nuestro ejemplo, vayan integrando otro modo de relacionarse con sus emociones, más asertivo y más sano.

Pasan los años, avanza la tecnología, pero el libro sigue siendo  quizá la principal fuente de educación para los niños y niñas y la herramienta a la que más acuden los padres. ¿Es prestigio heredado o es que no hay tecnología que haya superado aún al libro?

Los expertos nos dicen que las pantallas, cuanto más tarde mejor, así que espero que el libro acompañe a la infancia siempre y sea un buen apoyo para su educación, tanto o más de lo que lo ha sido hasta ahora.

A este respecto, ¿qué valor aportan las ilustraciones, en tu caso en ambos volúmenes hechas por Joan Turu, a la comprensión del texto?

Las ilustraciones de Joan Turu son maravillosas e imprescindibles. Él tiene el don de hacer unas ilustraciones tan y tan expresivas que los peques conectan enseguida con ellas y se sienten identificados y esto les ayuda un montón a conectar con el cuento.

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