Esta obra de Davies publicada por Malpaso lleva el largo subtitulo de “Cómo el gobierno y las grandes empresas nos vendieron el bienestar”, una frase que ayuda bien a centrar el tema de este ensayo: una crítica descarnada a todos aquellos que vendiendo un ideal de felicidad lo que han conseguido, realmente, es llenar sus bolsillos y el de sus socios. Dejando por el camino unos cuantos cadáveres.
En la linea de “Medicamentos que matan y crimen organizado” (que publicó Libros del Lince, ahora propiedad de Malpaso), esta obra repasa todas los desmanes cometidos por particulares y gobiernos en el nombre del bienestar.
Y es que, como señala Davies, parece que de un tiempo a esta parte el único propósito de cualquier ser humano ha de ser la felicidad, el bienestar. Para lograr lo cual, el primer paso es dejar atrás el malestar, esto es, cualquier conato de inconformidad o discrepancia. Dicho de otra forma: la industria y los gobiernos nos han vendido una felicidad plastificada, un pseudo estoicismo tecnológico, que bajo la excusa del “estar bien” lo que esconde es una enorme dosis de conformismo con el estado actual de las cosas.
Industria farmacéutica, gobierno, editoriales que se enriquecen con los libros de autoayuda (coaching, superación, etc.) han promovido la felicidad no por interés en la salud y el bienestar de los ciudadanos, sino como un camino político y económico en el que interesan más los beneficios que esos propios ciudadanos.
El resultado ha sido una felicidad de usar y tirar, que se sostiene a base de compras compulsivas y que acaba al mismo tiempo que lo hace el dinero. Frente a ella, cualquier método alternativo de alcanzar la felicidad (una, además, más sólida), cualquier camino que no incluya el gasto de una buena cantidad de dinero, ha sido tratado de hippie, de pseudociencia o ridiculizado de mil formas distintas. Pues igual que el objetivo de las farmacéuticas no es curar a los pacientes, sino tenerlos dependientes de una medicación el mayor tiempo posible, el objetivo de la industria de la felicidad no es la felicidad barata y sólida, sino una que deba renovarse cada poco tiempo y a base de tarjeta. La felicidad que se logra saliendo de compras leyendo libros de autoayuda, comprando medicamentos. Consumiendo.
Davies relata experimentos que muestran cómo, frente a ese camino, existen otros que ofrecen una satisfacción más plena y duradera, y a bajo coste. O incluso gratuitamente. Son los que nadie publicita: porque no son rentables. Y además, ayudan a pensar por uno mismo.
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