La Muerte en Venecia, de Thomas Mann

Navona recupera en “Los ineludibles” una de las mejores obras de la literatura europea

Dice Vargas Llosa que uno puede leer una y otra vez “La muerte en Venecia” y tener la sensación de que, por más atenta que haya sido su lectura, algo se le escapa siempre.

Es una sensación que proviene, seguramente, de la fuerte carga simbólica de esta breve y condensada obra (en ese sentido, una obra casi poética) que narra el viaje vacacional (impelido por un destino que aparece en forma de anciano repelente) del afamado, burgués y perfeccionista escritor Von Aschenbach.

Aunque el destino elegido en primera instancia es otro, en seguida el escritor rectifica su rumbo y, de nuevo movido por el destino, se dirige a Venecia. En el trayecto su camino se cruza con el de un hombre que, maquillado y travestido para parecer más joven, trata de ganarse el favor de un grupo de adolescente. Al burgués que lleva dentro Aschenbach el emperifollamiento y lo que cree libertinaje de aquel hombre, le repele profundamente.

Sin embargo, cuando en el hotel en que se aloja, el escritor descubra a Tadzio, un bello joven, su comportamiento comenzará poco a poco a parecerse al de aquel hombre, quien parece haber sido una revelación del futuro que le esperaba.

“La muerte en Venecia” es entonces la historia de la obsesión de Aschenbach por Tadzio a quien la narración se refiere con diversos nombres (el bello, el elegido,…) en contraposición a los empleados para definir al escritor (el anciano, el solitario,…): una obsesión que se despliega sobre el mapa laberíntico de una Venecia que mantiene la peste de que es víctima como un secreto a fin de no asustar a los turistas.

Decía Thomas Mann en una carta a Hermann Hesse que en esta novela había intentado mostrar el lado oscuro que todo humano, hasta el más sobrio y estable como es Aschenbach, lleva dentro.

En la obra, ese lado oscuro toma una forma clásica en las referencias  a las obras de Platón en las que Sócrates habla de las licencias carnales que les están permitidas a los poetas frente al resto de los humanos. Licencias de las que saldría, como en un parto, el arte.

“La muerte en Venecia” es, sin duda, una de las mejores obras de un escritor que dejó para la Historia de la Literatura al menos otros tres o cuatro títulos imprescindibles (“Los Budenbrook”, “La Montaña Mágica”, “Tonio Kröger”,…). Una novela de esas que hay que leer y releer, porque se disfrutan siempre.

Y por cierto: las ediciones de “Los ineludibles” de Navona son también un auténtico regalo a las manos y a la vista.

 

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