El doctor Amad Abu-Suboh Abadia, director del Servicio de Diagnóstico por Imagen del Hospital Fundació Hospitalàries de Barcelona, publica Lo que te mata no es lo que crees (Arcopress), un libro que desmonta una idea profundamente instalada en nuestra cultura: sentirse bien no significa estar sano.
Según explica el autor, gran parte de los procesos que deterioran la salud no generan dolor ni síntomas tempranos y esa falsa sensación de normalidad es, precisamente, lo que más nos desprotege.
Vida sedentaria, mala alimentación, falta de sueño, hipervigilancia y estrés sostenido son amenazas a las que el cuerpo responde adaptándose como puede. Cuando esas adaptaciones se mantienen en el tiempo, aparecen signos como fatiga, niebla mental o dolores musculares que acaban normalizándose, pero pueden esconder problemas graves.
Lo que te mata no es lo que crees no es un libro alarmista, es una invitación a mirar el cuerpo con más criterio e introducir pequeños gestos que ayudan a devolverle su equilibrio como comer despacio y sin pantallas, levantarse siempre a la misma hora, moverse cada cierto tiempo o respirar desde el abdomen. Porque no se trata de machacarse tres veces a la semana en el gimnasio o seguir una determinada dieta a rajatabla, sino de ofrecer al cuerpo hábitos beneficiosos que aumenten su margen fisiológico, es decir, esa reserva silenciosa que permite que la vida cotidiana no pase factura.
¿Por qué algunos problemas de salud no duelen hasta que no es demasiado tarde? En palabras del autor, «el dolor es una señal diseñada para protegerte de daños que requieren reacción inmediata: retirar la mano del fuego, inmovilizar una articulación o evitar una postura que agrava una lesión». Sin embargo, no funciona con otros procesos que sostienen la vida en segundo plano, porque «el cuerpo no está pensado para informarte; está pensado para continuar» y por este motivo intenta adaptarse compensando conductas que le hieren hasta que la sobrecarga de algunos sistemas acaba traduciéndose en una enfermedad.
El doctor Abu-Subohpropone parar y analizar cómo estamos forzando nuestro organismo: con el estrés convertido en identidad, la hiperalerta que confundimos con productividad o con el sedentarismo que cambia nuestra fisonomía y nos hace más torpes. Y plantea hábitos para revertir sus efectos y devolver al cuerpo su margen fisiológico. Porque «La ausencia de dolor es un silencio, no un certificado», concluye el autor.
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