La Noche de los alfileres

Una sola novela  ha sido suficiente para hacer que grandes escritores sean recordados y leídos en todo el mundo. Es el caso de autores como Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray), Giuseppe de Lampedusa (El Gatopardo) o Juan Rulfo (Pedro Páramo).  Otros, sin embargo, eligen el camino contrario: el de la amplia producción literaria en donde podemos encontrar de todo, desde estupendas novelas hasta muchas otras que pasan desapercibidas al lector, quien a menudo se pregunta cómo es posible que unas y otras pertenezcan al mismo autor.

Este es el caso de Santiago Roncagliolo, quien hace diez años fue capaz de crear un personaje, como el del fiscal adjunto, Félix Chacaltana Sáldivar, en “Abril Rojo”- situándonos en el Perú de Fujimori y de Sendero Luminoso- pero que no ha sido capaz de mantener el nivel con novelas como “La pena máxima” o, está última que ahora publica, “La noche de los alfileres”, una novela que transcurre en ese mismo periodo histórico, con una historia contada a cuatro voces: las de Carlos, Manu, Beto y Moco, cuatro estudiantes que secuestran y accidentalmente matan a su profesora, la señorita Pringlin. Una novela simbólica que busca crear un paralelismo entre el cerrado mundo de la educación autoritaria, el ambiente familiar y el entorno en el que se movían los jóvenes en aquellos años en los que el terrorismo de Sendero Luminoso o el terrorismo de Estado de Fujimori, campaban a sus anchas por las calles de Perú.

Los cuatro niños de “La noche de los alfileres”, convivían con las bombas, los secuestros o los “juicios populares” que los terroristas de Sendero les hacían a los empresarios o banqueros secuestrados. Lástima que el autor, Roncagliolo, se centre más en sus relaciones personales y familiares que en moverlos dentro del entorno social que les ha tocado vivir. Si la novela negra es la novela social del siglo XXI, como algunos aseguran, a “La noche de los alfileres” le falta la riqueza del entorno, más allá del colegio o de los  hogares familiares en donde se desarrolla gran parte de  la acción.

Cuando, dentro de unos años, alguien quiera conocer como fue el Perú de finales del siglo pasado, les recomiendo leer “Abril Rojo”, de un escritor peruano llamado Santiago Roncagliolo. Hasta ahora, algunas de sus novelas posteriores son claramente prescindibles. Quizás no para el grupo editorial al que pertenece el escritor peruano que, suponemos, habrá encontrado rentabilidad en la publicación de esas obras menores, que para nada cumplen las expectativas que el lector espera de un autor que tan buen regusto de boca nos ha dejado tras la publicación de su primera novela , allá por el año 2006

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