La problemática de la ciudad es una de las que más espacio ocupa desde hace unos años tanto en los estudios de la sociología contemporánea (posmoderna) como en los acercamientos críticos al urbanismo y la arquitectura.
Sometida a las necesidades empresariales, la ciudad ha dejado de ser un espacio habitado por una comunidad (el espacio por antonomasia desde hace ya casi 3.000 años) para convertirse en un conjunto de arterias por donde fluyen, sin apenas detenerse salvo para coagular en tiendas o centros comerciales, veloces coches y atareados peatones.
Para ser conscientes de ese cambio, para poder observar cómo la contemporaneidad ha cambiado nuestro hábitat, es necesario echar la vista atrás y ver qué fue y qué pretendió ser la ciudad desde su aparición en Oriente Próximo hace casi 5.000 años. En eso se centra “La ciudad: huellas en el espacio habitado” el libro de Marta Llorente que publica Acantilado y que a través de 500 maravillosas páginas nos permite vislumbrar no sólo los diferentes modos en que el hombre ha habitado la ciudad, sino también los diferentes modos en que esa ciudad fue habitada conceptualmente; es decir, los diferentes acercamientos teóricos a la idea de ciudad, desde Sócrates hasta Baudelaire y Lorca, pasando por la imagen cristiana de la ciudad o el papel de la literatura en la creación de la imagen de ciudad y terminando en un interesante último capítulo centrado en la ciudad como escenario de las guerras actuales: la ciudad como espacio devastado, la ciudad en ruinas.
Lo único que uno echa en falta en este recorrido son, por un lado, un apartado especial, en el capítulo dedicado a la literatura, en el que se trate el compromiso con lo urbano del surrealismo y de la deriva situacionista de Debord, quizás dos de los movimientos que más críticamente han observado la ciudad contemporánea y que hicieron del paseo, de la deriva, un arte y una conquista del espacio urbano. Y por otro lado un acercamiento al papel que la arquitectura contemporánea en su vertiente espectacular (los macro centros comerciales, los súper estadios, las macro avenidas), relacionada con las necesidades del neocapitalismo más salvaje, ha tenido en el cambio del rostro urbano en los últimos treinta o cuarenta años: convirtiendo las ciudades más grandes en aisladas burbujas diseñadas, como decíamos, con el único fin de facilitar la movilidad y el consumo. No la comunicación.
Por lo demás, el estudio de Marta Llorente es tan interesante como didáctico y, sobre todo, como necesario.
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