¿Por qué las matemáticas que predicen el tráfico de una red de telecomunicaciones sirven también para entender cómo se propaga una epidemia? ¿Qué tienen en común los virus y una función exponencial? ¿Por qué es peor una cepa un 70 % más contagiosa que una 70 % más letal? ¿Cómo puede nuestro sistema inmunitario reconocer diez millones de patrones diferentes? ¿Por qué tenemos más genes en común con los virus que con otros primates?
En Los algoritmos de la vida, la ingeniera experta en sistemas complejos Mª Teresa Herrero propone un viaje al interior de la biología, la estadística y la evolución, donde las matemáticas se encuentran con la vida para revelar los secretos de nuestra supervivencia.
Mª Teresa Herrero desentraña los patrones ocultos tras las epidemias con rigor matemático: las funciones exponenciales que convierten un caso aislado en una crisis global, los modelos estadísticos que predicen el comportamiento de poblaciones enteras, y las ecuaciones que revelan por qué una mutación viral puede cambiar el curso de la historia.
Con la precisión de quien analizó datos de la pandemia de coronavirus y la claridad de una gran divulgadora, nos revela cómo las matemáticas y la biología se dan la mano para explicar desde las mutaciones virales hasta las redes de contagio. Porque en un planeta superpoblado e interconectado, solo entendiendo los números podremos estar preparados para la próxima pandemia.
About Author
You may also like
-
¿Y si el sufrimiento fuera una oportunidad de aprender y avanzar en la vida?
-
Aviones de leyenda de la Segunda Guerra Mundial. De la hélice al reactor: los diez aviones que decidieron la guerra en el aire
-
Del Homo sapiens al Homo distractus. Una guía para recuperar el control del tiempo y la mente que las pantallas nos intentan arrebatar
-
Carbono 14, espectroscopia o IA. Descubre las últimas técnicas utilizadas por los arqueólogos para estudiar los manuscritos del Mar Muerto
-
La vida del padre Nacho, «pastor del Capanaparo», un sacerdote que renunció a todo por amor a los pobres y halló la verdadera alegría