Estrómboli, de Jon Bilbao

Trata de cosas que raramente le suceden a uno pero que le pueden ocurrir a cualquiera en algún momento.  Hechos que interrumpen el discurrir de una vida para transformarte en otra persona o simplemente para destruirte. De la fragilidad del ser humano, de lo cambiante de las relaciones, de cómo las circunstancias modifican las conductas personales o de los factores externos capaces de trastocar lo que parecía inamovible. Todo ello se encuentra en Estrómboli (Impedimenta, 2016),  el libro de Jon Bilbao, un escritor estupendo, con una potencia narrativa fuera de lo común, que es capaz de llevar el relato literario a lo más alto del panorama narrativo en nuestro país.

Lo que más me ha sorprendido de la lectura de Estrómboli es la capacidad de Jon Bilbao para mantener en cada uno de sus relatos un nivel similar en cuanto a la tensión narrativa. Sabido es que un libro de relatos, suele ser desigual, destacando alguno de ellos sobre los demás, generalmente el que da nombre al libro. No es este el caso. Aunque “Estrómboli”, el último de los relatos del libro, está muy bien construido, es  original y mantiene al espectador en vilo hasta el final, los otros siete- el libro lo componen ocho relatos o cuentos, como ustedes prefieran- son de similar fuerza narrativa.

En cada uno de ellos, los personajes se ven expuestos a situaciones que les empujan a hacer algo que en otro momento de sus vidas no se les hubiera ocurrido. Personajes totalmente insertados en la sociedad, con un trabajo normal, una familia normal, capaces de las reacciones más diversas, rompiendo el comportamiento que se espera de ellos. Todo ello contado con un lenguaje sobrio, en el que  no sobra ni una palabra, con diálogos cortos y una gran economía descriptiva.

Durante la lectura del libro de Jon Bilbao, no he podido dejar de recordar la forma de escribir de otros autores como el norteamericano Raymond Carver, uno de los maestros del relato breve- o a novelistas como John Fante o Richard Ford, todos ellos dignos representantes de aquel movimiento literario que surgió en los Estados Unidos a partir de 1950 y que se le conoce como “realismo sucio”, por describir de la forma más directa y vulgar la realidad que nos rodea así como por mostrarnos la extrema fragilidad del ser humano, más sometido a sus ocultas pasiones que a las normas sociales en las que parecen apoyarse.

Jon Bilbao comparte, en mis estanterías, espacio  junto a Hipólito Navarro, Gonzalo Caicedo, Andrés Neuman o Gonzalo Berges. Todos ellos dignos representantes de nuestra cada vez más prestigiosa narrativa que no por el hecho de estar, algunos de ellos, fuera de los escaparates de las grandes librerías dejan de representar, para muchos lectores, un gran placer cada vez que abrimos sus libros y disfrutamos de su obra.

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