Paseos por Berlín, de Franz Hessel

Reseñamos este libro publicado por Errata Naturae

Franz Hessel fue uno de los grandes practicantes y defensores de ese programa que los surrealistas denominaron “deriva”. Como explica José Muñoz-Millanes en el prólogo “este peculiar modo de moverse por la gran ciudad se define por vía negativa. El moderno flâneur no merodea por las afuera de las ciudades en busca de la naturaleza, ensimismado, inmerso en sus pensamientos, como el paseante solitario de Rousseau o del romanticismo. El moderno flâneur está volcado hacia lo que lo rodea, pero no hacia lo aparente: lo exótico, lo pintoresco que llama inmediatamente la atención de los turistas. Ni tampoco hacia lo monumental o lo destacado que arrebata a los historiadores y a los estudiosos del arte”.

Se trata, como el propio Hessel dice, no de pasear para percibir la ciudad, sino de caminar tras un rastro: el del pasado en el presente. Y al mismo tiempo, el del propio presente que pasa desapercibido para la mayoría de los ciudadanos: personas ajetreadas que en su ir de acá para allá a toda prisa apenas tiempo de fijarse en los detalles. Y es que para ser un flâneur moderno es condición primera y necesaria, dice el autor de Paseos por Berlín, estar desocupado. O al menos, pasear sin rumbo fijo, dejándose llevar por la curiosidad y las emociones. En suma, caminar a la deriva.  Algo que, como Hessel dice, le convierte en seguida en un bulto sospechoso para la mayoría ajetreada de las calles.

Como también se apunta en el prólogo de esta novela: “Todo lo que Hessel considera elementos de a lectura que el flâneur efectúa del exterior de la ciudad (los gestos, las modas, las fachadas, las estatuas, las verjas [...]) adquiere un ambiguo carácter de interior porque, al igual que los muebles y accesorios de las casas, se le ofrece cargado de tiempo: constituye una multitud de lugares vividos donde ha quedado depositada la memoria impersonal, colectiva, de la ciudad”

Mitad cuaderno de viaje, mitad reflexión sobre el proceso de cambio de una ciudad entre dos crisis (el Berlín de la República de Weimar), estos “Paseos por Berlín” requieren del lector el  mismo ritmo de paseo y la misma desocupación con que fueron escritos, así como un semejante amor por los detalles, por la pequeña historia y por la ciudad recóndita.

Quizás uno de los más notables ejemplos (el mejor, sin duda, fuera de Francia) de la literatura de la deriva, y de lo que se ha dado en llamar psicogeografía, esta obra de Hessel es producto no sólo de una estética, sino también de una política que hoy, en plena fiebre por el movimiento y en el mayor momento de los no-lugares, nos puede parecer lejana, pero que no puede dejar de conectarnos con ese viejo, gratuito y social placer del paseo, de la deriva.

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