El deber, de Ludwig Winder

Periférica edita esta novela sobre la resistencia checa ante los nazis

El argumento de “El deber” es simple: Rada es un eficiente funcionario de la administración checa de ferrocarriles que, como él mismo admite, no tiene mayor cualidad ni ambición que la de cumplir puntualmente con sus deberes que se resumen en hacer bien su trabajo y mantener a su familia. El funcionario, casado con Marie, tiene un hijo, Edmund, estudiante de medicina.

Cargado de una conciencia sensible, el punto de zozobra presente en su mirada nacía de una voluntad de cumplir a la perfección y sin tacha con los deberes que llevaba impuestos Se sentía, quizá en exceso, responsable del bienestar de su familia y de la utilidad de su actividad de funcionario

Estamos en la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial. Una Alemania cuyo poderío bélico parece no ya insuperable, sino hasta inimitable, se anexiona las tierras que aún pertenecían a la Chequia libre. Con esa anexión, la sección III, para la que trabaja Rada, se vuelve crucial, ya que será la encargada de transportar amas y militares al frente del Este en caso de conflicto. Al frente de esa sección los nazis ponen al traidor Fobich, un ato funcionario a quien Rada conoce desde que ambos eran niños y a quien Rada salvó entonces la vida.

Tal amistad es el punto crítico en torno al que gira la trama, pues esa amistad pondrá a Rada ante una elección fundamental: mantener su posición funcionarial (o mejorarla) al conservar la amistad con un traidor o aprovechar esa amistad para sabotear el trabajo alemán, uniéndose a la resistencia.

“El deber” no es otra cosa que la elección heroica que Rada realiza y que hace que su personaje, hasta entonces un ejemplo más del funcionario gris y anodino (difícil no pensar en Kafka) se convierta en un eficiente luchador obligado a serlo por la fuerza de los hechos, pero también de su conciencia.

Sin necesidad de emplear un lenguaje patético y exagerado que refuerzo lo dramático de la situación, Winder nos introduce en una novela que (aun sencilla en su maniqueísmo) funciona perfectamente como novela anti-dictatorial y por la que uno transita sin mucho respiro, siempre con ganas (y temor) de llegar al desenlace.

Importante es, en este caso, que los hechos narrados sean terribles. Más terrible aún por saberlos reales. Eso es lo que permite a Winder no necesitar de artificios, sino de una expresión llana, para aterrorizarnos. Como toda novela sobre esa enorme infamia que fue el holocausto “El deber” sirve, además, para recordarnos hasta que cuotas de sadismo criminal y masoquismo cómplice puede trepar la especie humana.

Winder, desconocido en España (nos tememos que también en Europa), fue testigo presencial de aquel horror y lo certifica con un libro sobrio, ameno y lleno de tensión sobre la desproporcionada lucha de un hombre honrado contra un estado criminal.

Una novela que recomendamos.

 

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