Biografía del silencio, de Pablo d´Ors

Analizamos esta obra de la que ya se han vendido 25.000 ejemplares y hablamos con su autor

“Para algunos como yo, occidental hasta la médula, fue un gran logro comprender y empezar a vivir que yo podía estar sin pensar, sin proyectar, sin imaginar, estar sin aprovechar, sin rendir”. Esta frase es una de las conclusiones a las que nos acerca el libro “Biografía del silencio” de Pablo d ´Ors, que relta su experiencia con la meditación desde los primeros pasos hasta la actualidad, cuando ha formado con otros seguidores el grupo amigos del desierto.

La obra de d´Ors no es, en todo caso, un manual, sino más bien un relato que espera ser una invitación; pues el autor está convencido de que buena parte de nuestros problemas individuales (y a través de estos, los sociales) podrían solucionarse si nos detuviéramos a menudo a meditar: “la meditación nos concentra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser. Sin esa convivencia con unos mismo, sin ese estar centrado en lo que realmente somos, veo muy difícil, por no decir imposible, una vida que pueda calificarse de humana y digna (pag. 22).

Un mensaje que, aunque venga de lejos (las referencias aquí irían desde sabidurías orientales como la Gita y el budismo hasta posiciones eclécticas como la de Huxley y su filosofía perenne) no deja de ser revolucionario en un mundo como el actual, donde el baremo por el que todos somos medidos tiene que ver más con la multitarea que con la concentración.

Como igualmente revolucionaria otra idea que encontramos en este libro y que lo taoístas explicitaron bajo la forma Wu Wei: no hacer. Una idea presente también en el Bhagavad Gita y que apunta no tanto hacia la no-acción como hacia el actuar adecuadamente (desde el punto de vista ético) pero sin esperar nada a cambio: ni dinero, ni gloria, ni placer. Simplemente, hacer lo que se deba de hacer. Como decía, un mensaje revolucionario en un mundo que ha convertido en dioses al dinero, al sexo o al propio ego y donde todo lo que no conduzca a un beneficio inmediato parece siempre un poco absurdo o decadente (puede que, incluso ya, la propia literatura).

La diferencia entre quien medita y quien no, señala d´Ors, es la misma que entre un vagabundo y un peregrino: los dos caminan, pero sólo el segundo sabe hacia dónde.

Estas lecciones, sumadas a una firme defensa del estoicismo (“la fórmula es tomar las cosas como son, no como nos gustaría que fueran”, pag. 55) componen esta obra acerca de la cual hemos hablado con su autor en una breve entrevista:

Mundo Crítico: En un mundo como el nuestro lleno de ruido, prisas, estrés,… ¿cómo interpreta que se hayan vendido más de 25.000 ejemplares de su obra?

Pablo d´Ors: La razón es para mí muy clara, y es independiente del mayor o menor valor literario del libro: hay en nuestra sociedad un anhelo muy intenso de plenitud y una búsqueda cada vez más imperiosa de recursos con que alimentar la interioridad.

Mundo Crítico: A los que les cuesta (o nos cuesta) estar en silencio, ¿es porque no tenemos nada que decirnos o porque nos asusta lo que podamos decirnos?

PdO: A todos nos cuesta, porque el silencio es una invitación a mirar lo que somos. Y siempre hay en nosotros cosas que no nos gustan. Sin embargo, no parece inteligente estar permanentemente huyendo de nosotros mismos. Si tienes un problema, lo más sensato es afrontarlo.

Mundo Crítico: Usted dice que tengamos cuidado ante quienes nos postramos cada día. Parece que más que en un sociedad atea estemos en una sociedad “idólatra” que ha convertido en dioses al dinero, el prestigio social,…

PdO: El ateísmo es una fe. La idolatría es siempre el problema, también de aquellos que nos decimos creyentes. Una cosa es el credo que profesamos con los labios y otra el que dejamos ver con nuestra vida. Este último, es obvio, es el único que cuenta.

Mundo Crítico: una de las ideas claves de su libro es la de dejar de ser vagabundo para ser peregrino, es decir, dejar de andar de acá para allá sin motivo para tener una dirección, un horizonte. ¿No es esa falta de “destino” una de las claves de tanto consumo de antidepresivos, de tanto estrés?

PdO: Lo que hace feliz a un hombre es saberse en un camino, es decir, con los pies en una tierra en concreto y la mirada en un horizonte. No importa si estamos cerca o lejos de nuestra meta, sea ésta cual sea. Lo que nos hace sufrir es sólo no saber dónde estamos ni adónde vamos. El ser humano no es tal sin un camino.

Mundo Crítico: En una carta o artículo (no lo recuerdo), Herman Hesse, autor con el que a usted se le relaciona decía que un día uno de esos trabajadores que siempre iban con prisa de un lado a otro se iban a detener y se iban a dar cuenta de que, aunque no hubieran ido al trabajo, no había pasado nada: ellos seguían vivos, el mundo no se había parado,… Más allá de que haya que comer y pagar las facturas, ¿no nos hemos tomado a nosotros mismos demasiado en serio? ¿No nos creemos demasiado importantes?

PdO: Desde luego. Vivimos en la ilusión de estar en el centro. Ese error de perspectiva es la fuente de toda ansiedad, error y sufrimiento. Nos haría falta una buena cura de humildad o, lo que es lo mismo, de buen humor. La persona humanamente elegante es aquella que no se toma a sí mismo demasiado en serio. Por otra parte, salvando las diferencias, me gusta la asociación de mi persona con la de Hermann Hesse, autor de cuya mano decidí con 14 años ser escritor. Al igual que él dedicaba buena parte de su jornada laboral a responder las dudas existenciales de sus lectores, de un tiempo a esta parte hago yo con los míos una tarea similar. Es bonito comprobar cómo la literatura trasciende los libros y toca los corazones. Si las letras no sirven para la vida, ¿para qué entonces escribir?

Mundo Crítico: En el cristianismo, siendo usted sacerdote, ¿no se ha perdido esa idea del retiro que usted propugna, del anacoretismo (que por otro lado siempre fue más propia de la iglesia oriental que de la romana)? Una idea que usted defiende (pienso en su obra sobre Foucauld) y muy extendida en otras religiones. Aquí hoy, el anacoreta, sería visto casi como un ser improductivo ¿no?

PdO: El problema es precisamente el afán de rendimiento o productividad. Esa es nuestra enfermedad: queremos aprovechar el tiempo, no simplemente vivirlo. Hasta que no saneemos la relación con los otros, con Dios y con nosotros mismos de utilitarismo no tendremos ni idea de qué va el arte, el amor y la espiritualidad, que son quehaceres esencialmente gratuitos.

Mundo Crítico: En todo caso, ¿cómo se mantiene el equilibro entre el retiro y la ayuda a los demás? ¿Cómo se conjuga el no hacer (wu wei) con la acción social? O en términos budistas ¿ cómo se media entre el arhat y el bodhisattva? Porque corre uno el riesgo de dedicarse mucho a sí y nada a los demás…

PdO: En nuestra cultura se nos ha enseñado que lo importante es ayudar a los demás y que ayudarse a sí mismo es egoísmo. Esto es un error. Ayudarse a sí mismo a costa de los demás, eso sí que sería egoísmo. La respiración tiene a este respecto mucho que enseñarnos. Respirar es un doble movimiento biológico de inspirar y espirar que reproduce o es afín al ritmo espiritual por excelencia: dar y recibir. Una vida es armónica y sana si hay proporción en estos ritmos. En general, estamos enfermos de activismo. Hemos de aprender a cuidarnos, a volver a casa. Al fin y al cabo, nadie puede dar lo que no tiene. Ayudar no es un simple deber o imperativo moral, sino la consecuencia natural de quien ha recibido.

Mundo Critico: Al leer su libro he recordado aquel de Huxley sobre la Filosofía Perenne, ¿usted también cree, como él, que dentro de las diversas manifestaciones religiosas hay un poso común, dos o tres verdades compartidas? En su caso, por ejemplo, parece defender una concepción monista de la realidad…

PdO: La verdad universal es la fuente, la noche y la sed. Todos sin excepción (religiones, filosofías…) buscamos una fuente de plenitud; todos nos acercamos a ella en la medida exacta de nuestra sed; ese camino es para todos de noche, es decir, con dificultades. El prestigio actual de la mística se está construyendo sobre el desprestigio de la religión.

Mundo Crítico: Otros aspectos de su libro me han recordado a enseñanzas muy extendidas en las sabidurías orientales, por ejemplo, la idea de no hacer el trabajo por el beneficio sino por el trabajo en sí, sin adueñarse del producto. Algo que en términos espirituales es fácil de entender (no digo de hacer): realiza tu obra sin esperar por ella ni la fama, ni la gloria ni siquiera el agradecimiento, sólo porque es tu deber. Pero que trasladado al mundo material presenta algunos peros porque es lo que llevan haciendo siglos los trabajadores, crear sin poder adueñarse del fruto de su trabajo (Marx).

PdO: Ni siquiera ha de realizarse el propio trabajo porque sea un deber. Es más sencillo aún. Es porque todo es un espejo de ti mismo. Tanto si escribes un libro como si preparas una comida, si lo haces lo mejor que tú puedas (el ideal es la excelencia, no la perfección), eso te proporcionará alegría. Pessoa lo decía mucho mejor que yo: “No al placer. No al poder. No a la gloria. La libertad, sólo la libertad.”

Mundo Crítico: Retomando la primera pregunta : ¿Cómo puede lograr una persona, en su día a día de ajetreo y estrés, un poco de silencio y de atención?

Lo esencial es la constancia y la determinación, pero soy consciente de que sin unas pautas concretas, aunque sencillas, es muy difícil y se terminará por claudica. En cualquier caso, si alguien desea esas pautas, tal y como ya las ofrezco, puede escribir a losamigosdeldesiertomail.com

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