Entrevista a Enrique Murillo

Entrevistamos al editor de “Los libros del Lince”

¿Cómo comenzaste a trabajar en la edición?

Tras siete años en Londres, circunstancias familiares me obligaron a olvidarme de un futuro de profe universitario que había preparado escribiendo una tesis doctoral en la Universidad de Londres. A mi regreso a Barcelona  me encontré sin trabajo y me puse a traducir. La traducción me llevó más tarde a hacer lecturas, y luego en Anagrama me pidieron que fuese a leer dos días a la semana,…

Con el tiempo, trabajaste en Anagrama, Plaza & Janés,… ¡Y hasta PlayBoy!

Mi amigo Javier Fernández de Castro se hartó de traducir y, sobre todo, de traducir la biografía de James Joyce (Richard Ellman), y para librarse del aprieto me presentó al dueño de Anagrama. Y empecé con esa casa terminando las 600 páginas del Ellman que aún estaban pendientes de traducir. Como en Anagrama no había modo de tener un contrato laboral, acepté una oferta muy buena y me fui a Madrid para ser redactor jefe de El Europeo. ¡¡¡Mi primer contrato laboral desde 1975¡¡¡ Luego estuve en Vogue y finalmente en El País, para hacer lo que se llamaría Babelia. Aguanté un año, me harté, y acepté la dirección editorial de Plaza & Janés porque el nuevo director general quería alguien de perfil literario. Después de cinco años en Plaza pasé otros cinco en el grupo Planeta, negándome siempre a aceptar la dirección editorial del sello-madre. Luego pasé 3 en Alfaguara y finalmente empecé la aventura de la pequeña editorial independiente y desdinerada…

 

Me siguen llegando magníficos manuscritos que ninguna de las editoriales grandes quieren publicar. Mis autores siguen recibiendo propuestas de mucha pasta de sellos grandes, y la casi totalidad de ellos prefieren seguir con una editorial como la nuestra

Y así nace el proyecto “Los libros del Lince. ¿Cuáles son los objetivos y la línea de la editorial?

Después de haber trabajado como editor durante unos 14 años, decidí no jubilarme y tratar de dedicar unos años a hacer los libros que me gustan y que pueden contribuir a que la sociedad en la que vivimos mejore un poco. Libros escritos por gente con mirada crítica, en no ficción y en ficción. Esa es la línea editorial y el objetivo de Los libros del lince. La financiamos gente sin dinero, al final una docena de personas que se sentían comprometidas con este proyecto.

Qué ha cambiado desde tus inicios hasta ahora? O dicho de otra manera, ¿Cuál es el papel del editor hoy o cuál debería ser?

En España, como en Francia, el editor no hace editing. En muchos casos, el autor no lo pide ni lo acepta. Como yo he escrito alguna cosilla y algo de narración sé, es normal que mis autores trabajen conmigo aquello que en cada caso parezca necesitar algún afinamiento. No estilo, que yo prácticamente no toco. Sino la narratividad, el buen funcionamiento del artefacto narrativo. ¿Cambiar? Cambiar ha cambiado todo. Muchos editores solo leen hoy en día las ventas de Nielsen. Con eso calculan un anticipo, y hacen oferta a los autores que salen en esas listas de ventas reales, las únicas fiables. Y para leer tienen externos. En el Master de Edición de la Universidad Autónoma de Barcelona empiezo preguntándome: ¿para qué sirve un editor, incluso en tiempos de Amazon?

Tu editorial nace en 2007 y un año después, estalla la crisis. ¿Os habéis arrepentido del reto en algún momento?

Saber que jamás recuperarás la inversión que hiciste ha sido duro, para mí y para el resto de personas que se metieron en esto. En estos cinco, ya para seis años, hemos estado endeudados hasta las cejas y más allá una vez, y con problemas de falta de tesorería varias veces. Pero apretándonos el cinturón hasta que se nos clava en la piel, hemos aguantado. Yo finalmente me jubilé y vivo de la pensión. La empresa ya no tiene más empleado que un administrativo que trabaja para nosotros unas pocas horas semanales. Tengo cuatro o cinco colaboradores externos para cosas como correcciones de pruebas, realización, etc., y yo leo, elijo, contrato, hago editings y llevo la prensa… Como el capitán de Tifón (Joseph Conrad), cuando comenzó la crisis decidimos quitar todo el trapo de la nave (ya no tenemos ni oficina y nuestros gastos fijos son irrisorios) y poner proa al viento. No hemos variado la política editorial, y estamos sobreviviendo.

 

Hay muchos escritores que necesitan un editor que trabaje con ellos, que les ayude a encontrar un lector. Al menos uno. Y mientras hagamos falta, nosotros seguiremos. Y solo seguiremos si siguen habiendo librerías

¿Y Cómo ves el panorama editorial español en la actualidad? ¿Hay sobreoferta de pequeñas editoriales? ¿Cuántas crees que sobrevivirán?

No tengo demasiado tiempo para ver lo que pasa por ahí. Es bueno que haya numerosas editoriales pequeñas. Al menos, buena parte de ellas, aunque no todas, aman los libros, aprecian a los autores, quieren a los libreros y a los lectores. Me siguen llegando magníficos manuscritos que ninguna de las editoriales grandes quieren publicar. Mis autores siguen recibiendo propuestas de mucha pasta de sellos grandes, y la casi totalidad de ellos prefieren seguir con una editorial como la nuestra. El mundo es terrible, pero algo menos de lo que parece. Por eso sobrevivirán muchas. Porque todavía queda gente que no se deslumbra con el brillo del dinero.

¿No hay una diferencia muy amplia entre las dos o tres grandes editoriales, sobre todo Planeta y Random House, y el resto de jugadores del mercado?

Las diferencias son gigantescas, y también son grandes las diferencias que hay entre esos dos grupos, en los que he trabajado (cinco años en cada uno). Su cultura empresarial es muy diferente.

¿Nos puedes matizar a qué te refieres? 

Un simple ejemplo: ¿cuántos de los llamados “premios literarios” (todos con jurados controlados por la editorial) tiene el Grupo Planeta? ¿Cuántos Penguin Random House o como se llame ahora (no sé si han añadido Alfaguara al nombre…)?

Si los agentes y autores esperan cobrar mucho y los libros han de ser cada día más baratos, las cuentas editoriales no salen. El supermercado capaz de aplicar mayores descuentos es el que acaba imponiendo la política editorial. Es un desastre. En España es peor: internet ha de ser gratis, pirateado. Hay porcentajes de pirateo altísimos, y ventas de libros bajísimas. Menos mal que se mantiene en precio fijo.

Hablemos de tecnología: ¿hasta qué punto el ebook ha cambiado el mundo del libro?

Por ahora sólo ha creado problemas. Mis amigos de la edición literaria en Nueva York y Londres, donde no hay precio fijo, me dicen que están desesperados. Si los agentes y autores esperan cobrar mucho y los libros han de ser cada día más baratos, las cuentas editoriales no salen. El supermercado capaz de aplicar mayores descuentos es el que acaba imponiendo la política editorial. Es un desastre. En España es peor: internet ha de ser gratis, pirateado. Hay porcentajes de pirateo altísimos, y ventas de libros bajísimas. Menos mal que se mantiene en precio fijo.

¿Qué uso hacéis del ebook en “Libros del Lince”?

Solo publico como eBook los libros de los autores que me lo piden, y son muy pocos.

Leemos en vuestra web que estáis encantados de recibir manuscritos y originales, aun sabiendo que apenas disponéis de tiempo para leerlos, Honestamente, ¿Cuántas paginas te hacen falta para saber si un manuscrito vale la pena o no? Supongo que con el tiempo habrás desarrollado una serie de “trucos”…

No hay trucos, no hay ciencia, no hay norma. Por eso existen las editoriales pequeñas y sin dinero: porque si fuese automático saber qué vende y qué no vende, todos los libros de buena comercialidad los tendrían los dos o tres grandes grupos. El editor no es un crítico, que trata de averiguar qué sobrevivirá, cuál es el libro que llegará a formar parte del canon. El editor tiene una ambición mucho menor. Trata de utilizar su mera intuición, su vicio de leer, como pauta. Y piensa que si tal libro le interesa a él, también puede interesar a otros. Y, además, el editor elige de acuerdo con su política editorial. Hay libros buenos o muy buenos o muy comerciales… que no encajarían en sus colecciones, y entonces puede decir— esto no es para mí. Lo que no significa descalificar un manuscrito. El editor ha de preguntarse: ¿seré capaz de encontrar lectores para este autor? Tras cinco años y medio de existencia, veo maravillado que me llegan cierto tipo de manuscritos no solicitados de autores que creen que nuestro sello sería adecuado. Así ha ocurrido el año pasado, a comienzos, con los manuscritos de Raquel Taranilla, Jose Serralvo y otros. Me los mandaron por las buenas en un momento en el que yo aún creía que la editorial iba a sobrevivir, los acepté, hemos trabajado un poquito los manuscritos, que ya eran buenísimos, luego hemos temido que la empresa acabara yéndose al traste… Y ahora que sé que  sobreviviremos, tengo para el año que viene una programación limitada en cantidad pero extraordinaria en calidad: con autores de la casa, y con algunas nuevas incorporaciones verdaderamente magníficas.

La clave está en otro terreno, en el del mantenimiento del precio fijo, y esa es una batalla de vida o muerte

¿Cómo afrontáis la distribución? ¿Veis a las distribuidoras que trabajan con las pequeñas editoriales preparadas para el trabajo que desarrollan? ¿Faltan medios?

Tuve la fortuna de ir de rebote a conocer a Javier Cambronero, cuando era director comercial de UDL, y mientras vivió me sentí a gusto con un distribuidor cuya ideología casaba tan bien como la mía. Tras su fallecimiento, UDL Libros sigue siendo mi distribuidor y el de otro montón de editoriales pequeñas. Personalmente puedo decir que me tratan de cine, colocan muy bien nuestros libros, y nosotros les correspondemos sacando uno o varios libros de ventas notables cada año o dos años.

Hablemos ahora del gremio: ¿Utilizáis Dilve en la editorial? En caso afirmativo, ¿por qué? ¿Qué os parece la cuota de mil euros al año que se va a empezar a cobrar? ¿La pagaréis?

Sí lo utilizamos. Nuestra cuota es por ahora aceptablemente baja. Sacamos apenas 8 o 9 libros al año. Tampoco he tenido tiempo de pensar demasiado al respecto. Hacer el editing de un libro, cosa que es normal en Reino Unido y Estados Unidos, pero no en los países mediterráneos, y que mejora mucho los manuscritos, lleva montones de horas. Y tratar con la prensa, conseguir que los libros adquieran visibilidad pese a que no tenemos medios financieros ni equipos, lleva también montañas de horas. Me dedico a eso.

¿Cómo os afectado la privatización a partir de 2010 de la gestión del ISBN? ¿Estáis de acuerdo con cómo se gestiona en la actualidad (tarifas iguales independientemente del volumen de libros editados por cada uno, del presupuesto, etc.)?

Deberíamos regresar al sistema anterior. Pero la clave está en otro terreno, en el del mantenimiento del precio fijo, y esa es una batalla de vida o muerte. Mis amigos de la edición en US, gente de Knopf y Farrar y Grove, o de UK, gente de RandomHouse, me dicen que el  despiporre de los descuentos en el punto de venta más la forma de trabajar del oligopolio de Amazon, están destruyendo la edición.

¿Están los editores españoles de sellos independientes bien representados en la FGEE o es necesaria una Asociación “paralela” de pequeños y medianos editores?

Tampoco tengo tiempo para asociaciones, gremios y demás. Seguro que estaría bien que hubiese una asociaciones de pequeños, paralela a la FGEE, ya que los intereses son pocas veces comunes. Pero en un país medieval como éste, incluso el asociacionismo de los pequeños terminaría como el de los grandes: gremialismo, administración de favores y de subvenciones, casta,  por decirlo con el acertado mote que les han puesto a estas cosas los de PODEMOS, que creo que habría que aplicar a otras muchas cosas como colegios profesionales, altos funcionarios, yo qué sé.  Detesto rellenar impresos en esta clase de países. Jamás pido subvenciones, como no sea en países como Canadá o los Países Bajos.  Recientemente cambió el reglamento del Depósito Legal (que, por cierto, tiene un tufo franquista tremendo). En lugar de hacerlo las imprentas, tenemos que hacerlo las editoriales. ¡Como si tuviéramos tiempo para ir a llevar los cuatro ejemplares de cada libro que publicamos¡ ¿Y para qué los quieren? Me quejé al gremio y que yo sepa ese nuevo reglamento no se va a cambiar. En España tenemos unas administraciones públicas afrancesadas, pero son una copia incluso peor que el original. Todo se pudre en papeleo. Todo se pudre con uso indebido de dineros públicos. Gremios, colegios profesionales, incluso sindicatos…

¿Qué tendría que hacer, y no hace, según vosotros la FGEE para ayudar más y mejor al sector del libro?

No creo demasiado en eso, ni en el ministerio de cultura, lo lleve en PP o lo lleve el PSOE, y eso que Francisco Rico me dio una beca que me permitió en los 80 escribir una novela. Yo fui uno de los “novelistas del psoe”, como decía Cela. Pero creo que en un país como el nuestro, todas esas instituciones tienen en su sangre la semilla de cierta perversidad que alcanza a todo, incluidos la RAE, el cervantes, etc. Habría que impedir que las listas de lecturas obligatorias de los colegiales fueran tan anacrónicas. A mí me quitó de leer la asignatura de literatura (claro que eso fue en los años 50). Más adelante, tuve en Periodismo un profesor que estuvo a punto de suspenderme por alabar “La ciudad y los perros” y negarme a aceptar que fuese  literatura una cosa como la trilogía de Gironella sobre la guerra civil. Menos mal que al cabo del tiempo las malas compañías me devolvieron a la que había sido mi pasión infantil. Si dejaran de hacer campañas de apoyo a la lectura, también sería mejor.  Se podrían suprimir todos esos premios nacionales y premios Cervantes y todas esas mandangas. Se podría prohibir por ley que las editoriales convocaran concursos de novela y ensayo y todo eso. En fin, que me dejen vivir. Hay muchos escritores que necesitan un editor que trabaje con ellos, que les ayude a encontrar un lector. Al menos uno. Y mientras hagamos falta, nosotros seguiremos. Y solo seguiremos si siguen habiendo librerías. Dan Franklin, que dirige los sellos literarios de Random en UK, me dijo un día no hace mucho: desde que quitaron el precio fijo, el director de RH ya no soy yo. Aquí manda el jefe de compras de Tesco (cadena de supermercados de precio bajo), porque con sus descuentos dirige la política editorial mía y la de todos.

Hablemos de crítica literaria, ¿se ha vendido la crítica de los grandes medios a las editoriales poderosas? ¿O aún hay espacio para la esperanza en una crítica independiente? 

Hace mucho tiempo que apenas sigo las reseñas de la prensa, no puedo tener opinión.

Un día sabré que me he oxidado, que mi criterio y el mundo caminan por rutas paralelas que jamás se cruzan. Entonces lo dejaré y escribiré esas memorias que más o menos he empezado

¿Cómo se llega a los lectores desde una editorial pequeña cuando la crítica trabajo, si no en contra, tampoco a favor?

En Anagrama me pidieron que llevara la promoción cuando el sello apenas empezaba con las colecciones de novela. Soy también periodista, y me las arreglo bien en este campo. Me gusta trabajar cada libro de acuerdo con su contenido, las características del autor, etc. Las críticas importan, pero también todas las demás secciones de los diarios y revistas, y todos los demás medios, las redes sociales, etc.

Tú mismo llegaste a hacer trabajo de crítica en Babelia. ¿Cómo fue la experiencia y por qué la pusiste fin?

Escribí reseñas una temporada, igual que antes había hecho información en las páginas de Cultura. El periodismo me gusta. Un par de veranos, Alex Salmon, director en Barcelona de El Mundo, me propuso el reto de hacer 30 entrevistas para el mes de agosto. Las hice entre junio y julio. La locura, pero me divirtió hacerlas sobre el modelo de profile anglosajón, mezcla de retrato subjetivo y pregunta/respuesta. En Libros, que edité un año, en El País, mientras al mismo tiempo preparaba con Luis Galán la maqueta y la idea de Babel, que luego se convirtió en Babelia, empecé con mucha ilusión, pero el choque con diversos problemas internos me la quitó del todo. Cuando vinieron a verme de Plaza & Janés no lo dudé: me largué. Me gusta más la edición: adivinar, leyendo un manuscrito que te llega sin recomendación de nadie, qué cantidad de talento hay ahí y cómo harás para conseguir que el mundo se entere de que ahí hay talento, visión personal, visión crítica… A veces incluso aciertas. Y entonces la emoción es indescriptible…

La última: ¿piensas en la jubilación? ¿O morirás con las botas puestas?

Un día sabré que me he oxidado, que mi criterio y el mundo caminan por rutas paralelas que jamás se cruzan. Entonces lo dejaré y escribiré esas memorias que más o menos he empezado, y tal vez si el cerebro aún me funciona terminaré la novela que comencé hace seis años y abandoné al empezar Los libros del lince. Mi última editora, Ana María Moix, decía que es buena, lo mejor que he escrito en mi vida. Son cien páginas, pero me quedan otras 150 al menos. Por ahora no tengo ni medio segundo, aunque a veces la historia me visita en mis desvelos nocturnos.

 

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