Sami Naïr: el desengaño europeo

Analizamos el último libro de uno de los grandes intelectuales europeos, publicado por Galaxia Gutenberg

“Los responsables del actual desastre europeo despreciaron, durante la última década, a todos aquellos que denunciaban el camino sin salida al que habían empujado a Europa. Pudieron así silenciar muchas voces y desacreditar a otras, mientras ellos aprovechaban los privilegios que les confería un “europeísmo” político y mediático a menudo de bajo nivel”

Estas palabras del prefacio de “El desengaño europeo”, el último libro del politólogo y ex-eurodiputado francés Sami Naïr, resumen bastante bien el pensamiento que recorre toda esta obra que, aprovechando el formato entrevista —con el también politólogo James Cohen como entrevistador— recorre casi todos los retos a los que se enfrenta la Unión Europea en la actualidad.

el desengaño europeoAsí, el primer capítulo lleva como título un significativo: “La crisis, ¿qué crisis?” y defiende la teoría de que el origen de la crisis fue la deuda privada que, debido, sobre todo, al interés de Alemania en profundizar la “liberalización” europa —de acuerdo con los dictados teóricos del “ordoliberalismo“— se transformó en deuda pública, siendo aprovechada ésta para someter a los países del Sur, no (sólo) a un proceso de austeridad en las cuentas públicas, sino sobre todo a una deflación de los salarios y a una galopante privatización de sectores estratégicos.

Ya en la reunión del G20 en Londres (en 2009) nos dice Naïr, Merkel eligió, frente a la postura neokeynesiana de Obama y a las recomendaciones expansionistas de economistas como Stiglitz y Krugman, aprovechar la crisis para someter el Estado (y especialmente los “despilfarradores” Estados del Sur) a la economía.

“Son los ciudadanos quienes han salvado a los bancos de su crisis de liquidez”, recuerda Naïr, “Y al emplear ese dinero para rescatar a los bancos, el Estado no podía seguir financiando las políticas públicas”. Ideológicamente, sin embargo —y gracias al trabajo de los medios de comunicación más importantes— se nos ha convencido de que somos los culpables de la crisis y que, como culpables, hemos de pagar por ello.

En suma, y según Naïr, la respuesta a la crisis del capitalismo en Europa fue homeopática: más capitalismo.

El sistema mundial beneficia a los americanos y a los chinos; el sistema europeo beneficia a los alemanes, y hacemos como si nada ocurriera

La senda que condujo a esta situación, dice el politólogo francés, arranca en 1987 con el Acta Única, pasa por Maastricht (1992) y llega hasta el TECG de 2012 y el aún en negociaciones Tratado Trasatlántico cuya aprobación, dice, supondrá el fin de Europa “como proyecto social, económico, político y cultural”. Una Europa que acabará convirtiéndose, con la ayuda de la industria y de las multinacionales alemanas, “en la gran zona de Libre Cambio con la que sueñan los americanos y los británicos desde el final de la Segunda Guerra Mundial”.

Acerca del papel que puede jugar la izquierda como contrapeso a este fenómeno, Sami Naïr se muestra pesimista. Sobre la socialdemocracia, a la que otorga fundamentalmente el papel de “izquierda” en su libro, señala que estaba en el poder cuando se produzco el “asalto neoliberal” y que es, por lo tanto, cómplice del mismo. Respecto a la izquierda a la izquierda de la socialdemocracia, la considera sin fuerza, casi marginal. Aunque las mayores críticas se las llevan los partidos verdes, especialmente el alemán, al que acusa de estar en manos de “asaltadores del poder”, que con la excusa del ecologismo y la creciente concienciación de las clases medias sólo buscan ocupar puestos importantes y enriquecerse.

También se muestra muy crítico Naïr —en una línea de pensamiento muy extendida en Francia— con la idea de una Europa más integrada en lo político y no sólo en lo económico. “No hay”, dice, “nación europea, sino pueblos con diferentes historias nacionales, con frecuencia opuestas; culturas e identidades fuertes y muy diferenciadas. La unidad política de este conjunto no puede resultar de una creación monetaria, de una moneda impuesta desde arriba”.

“¿Cómo puede haber una democracia europea”, se pregunta Naïr, “cuando el poder ejecutivo se confía a una élite que se dice “ilustrada” y que no depende más que de sí misma?”

Los pueblos europeos, dice, ya no creen en la Europa liberal, por eso nadie se atreve a plantear referéndums. Los países del Sur, añade, están peor que antes de la entrada en el Euro. Los fondos europeos sólo han servido, en muchos casos, para mejorar unas infraestructuras destinadas a soportar el paso de mercancías francesas y alemanas. Hemos sido víctimas, según él, de un golpe de Estado “fruto de la existencia de instituciones que escapan, todas ellas, además completamente, a la voluntad popular europea”.

Y apuesta por una Unión Europea federal, de Estados-Nación, así como por abandonar la política del euro “fuerte” y regresar a una moneda “común”, no única —como el ECU— con fluctuaciones entre un mínimo y un máximo determinadas por la competencia interna (y que diera posibilidad a las economías más débiles de realizar devaluaciones). Una Europa de los proyectos, basada en la creación de un “interés general común”, que permita dotar de más poder al BCE y, a la vez, sacarlo del control alemán y establecer una política basada en principios fundamentales (la defensa del Estado de Bienestar y de los servicios públicos, de salarios dignos,recuperación de cierto proteccionismo, plan de políticas públicas, etc.) netamente europeos y comunes a todos los países miembros.

“Hay que hacer”, señala, “una auténtica revolución institucional, puesto que en los últimos veinte años los partidarios fundamentalistas del liberalismo han echado el cerrojo a todas las instituciones”.

Estamos, en suma, ante un libro que si bien no añadirá mucha información nueva a quienes se mantienen al tanto de los avances neoliberales en la Unión Europea (aunque hace una exposición de estos muy organizada), tiene el mérito de la honestidad y de presentar una propuesta, ésta sí, diferente sobre cómo organizar una Europa más democrática y social: recuperación de una Europa de las naciones, vuelta a una moneda común (no única) como lo fue el ECU, establecimiento de un programa supranacional de políticas e inversiones y comunes y defensa a ultranza de aquello que ha hecho de Europa el continente con las menores desigualdades sociales: los servicios públicos y los derechos sociales.

“El desengaño europeo”, Sami Naïr (Galaxia Gutenberg, 2014). 176 pp. PVP: 15,9€.

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