Analizamos “Por cuatro duros”

O “cómo (no) apañárselas en Estados Unidos”: una investigación sobre las condiciones de los trabajadores precarios en USA

Sin ser un libro opulento en lo que se refiere a calidad literaria —el tono es claramente periodístico y, a veces, casi de diario personal— el libro “por cuatro duros. Cómo no apañárselas en Estados Unidos” es uno de esos textos que todo lector crítico y con afán de estar informado debería abrir y leer. ¿Por qué? Porque es una muestra rápida, liviana y personal de hacia donde se dirige este capitalismo desbocado que ahora triunfa en España y que lleva años campando a sus anchas por los Estados Unidos de Norteamérica.

La razón de ser del libro de Barabara Ehrenreich es la siguiente: cierto día, la escritora, comiendo con un editor le comenta que alguien debería hacer periodismo de la vieja escuela y, trabajando unos meses como empleado poco cualificado, explicar a la despistada clase media y alta estadounidense cómo vive el porcentaje de población más pobre del país. La respuesta de su amigo es algo así como “¿Por qué no lo haces tú?” y, de este modo, Barbara comienza una aventura que le lleva a olvidarse de su vida de licenciada y conferenciante para comenzar otra como trabajadora sin cualificación.

Nuestra cultura económica recompensa reflexivamente y mima a los más prósperos mientras castiga e insulta a los pobres, por muy duro que trabajen. Dar la vuelta a esta situación requiere el trabajo de toda una vida, como mínimo

El resultado es la descripción de sus días como camarera, ayudante del nutricionista en un geriátrico, sirviente (tal es la palabra que emplean), dependiente en Wal-Mart, etcétera. Más las consiguientes reflexiones a la que tales trabajos lle levan.

Hay que matizar, eso sí, que el libro está escrito a comienzos de siglo, es decir, antes de la última crisis. Lo que es más descorazonador si cabe ya que uno tiembla al imaginar qué puede haber sido de muchas de las personas que pueblan el libro a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria.

¿Y qué vemos? ¿Qué nos muestra Barbara en su libro? Para un español o un europeo del Sur, lo que nos muestra es, casi, el futuro de nuestro “precariado”; al menos, el futuro más temido. Aquel en el que toda protección social ha desaparecido y los trabajadores son poco más que esclavos asalariados obligados a luchar con una élite que sólo quiere de ellos su fuerza laboral.

Porque, ¿se puede llamar libre a una persona que trabaja por un salario que apenas le da para sobrevivir? Wal -Mart, por ejemplo, encierra a sus trabajadores en algunos centros después de medianoche para obligarlos a seguir trabajando, por supuesto, sin cobrar las horas extras. ¿Es eso trabajo o servidumbre?

Frente al argumento económico (En España representado por Troika, Gobierno y CEOE) de que el salario bajo garantiza la sostenibilidad de los puestos de trabajo, Barbara nos habla de un mundo que ha demostrado que el único argumento posible contra tales desmanes de la oligarquía sólo puede ser moral, y no económico: porque simplemente es inmoral pagar un sueldo que no permite vivir dignamente.

“Nuestra cultura económica”, añade Barbara en el prólogo, “recompensa reflexivamente y mima a los más prósperos mientras castiga e insulta a los pobres, por muy duro que trabajen. Dar la vuelta a esta situación requiere el trabajo de toda una vida, como mínimo”.

Si la conducta de los trabajadores  (…) no siempre parece racional desde el punto de vista económico, es decir, como la conducta de agentes libres dentro de una democracia capitalista, es porque habitan en un país que no es libre ni de ninguna manera democrático

Lo que sigue a ese prólogo son, como decía, los ejemplos que sustentan esa dura, pero realista, tesis de la escritora estadounidense. Así, la vemos “perder el tiempo” con otras camareras, harta de que no la dejen sentarse para descansar ni cuando no hay clientes; o fregar el suelo de rodillas porque “esa primitiva postura de sumisión —y lo que en última instancia es accesibilidad anal— (es) lo que parece ser gratificante para los consumidores de servicio doméstico”; o volverse loca tratando de entender por qué los mal pagados trabajadores del Wal-Mart aceptan tanta mierda como sus jefes les echan encima. o desesperarse ante la neurosis de una clase acomodada que no tiene tiempo (o ganas) de limpiar lo que ensucia, pero que ve lógico perder su tiempo espiando que aquellos a quienes paga por hacerlo lo hacen correctamente,

Y lo peor, con todo, es que atraviesa todo el libro una corriente que vuelve a Barbara, a ojos de un trabajador español, ligeramente insufrible: esa corriente nace, tal vez, en el afán que la escritora pone en detallar cada trabajo que realiza y resulta irritante porque se acaba sospechando que lo hace debido a que sabe que ninguno de sus futuros lectores habrá tenido que trabajar nunca como camarero, sirviente o dependiente de unos grandes almacenes. Eso y el hecho de que no para de quejarse por hacer un trabajo que cientos de miles de personas hacen cada día sin alharacas ni llantos. Lo que no quita que uno comprenda a Barbara y su horror al comprobar hasta qué punto el hombre puede ser reducido a bestia. Aunque sea a una bestia asalariada.

“Si la conducta de los trabajadores  (…) no siempre parece racional desde el punto de vista económico, es decir, como la conducta de agentes libres dentro de una democracia capitalista, es porque habitan en un país que no es libre ni de ninguna manera democrático”, concluye Barbara, casi al final del libro. Y tal es el problema y por eso hay que leer este libro, para preguntarse si de verdad esto sigue siendo una democracia y si lo seguirá siendo cuando, tras el final teórico o macroeconómico de la crisis, estemos trabajando doce o catorce horas al día en uno o más trabajos y sigamos igual de pobres y con ningún derecho.

“Por cuatro duros” es, insistimos, un libro que hay que leer.

“Por cuatro duros. Cómo (no) apañárselas en Estados Unidos”, Barbara Ehrenreich (Capitán Swing, 2014). PVP: 18 euros.

 

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